Lo que dice la prensa

Truénganos y Fusínganos
Revista Sabores # 24
Setiembre-Octubre 2006

Hoy nuestra aventurera pareja visita el volcán Poás, y al regreso, casi Escondido entre los pinos, el olor de una cocina de leña con aroma a tortilla los incita a qudarse a almorzar. El sitio se anuncia con un letrero que dice Chubascos para dar paso a un coqueto restaurante de especialidades típicas. Entre las mesas de alegres manteles de colores y justo en un rincón de la terraza, nuestra pareja lee el menu …
-Ay, “nor” sal, viera que se me antoja una tortilla aliñada, pero de la especial con sus frijolitos y natillita de la “qui´hacen” por estos lares-dice la coqueta de Pimienta. A lo que su compañero contesta:
-Idiay, ya dejate de tanta jesusuadera, y “di´hablar” como cuento de Aquí-No-Leo_Echeverría, ¡y ordená “di´una”vez por todas que me muero “di´hambre”!
-Las risas de ambos se detienen al ver aprecer una fabulosa y enorme tortilla recién palmeada doraita y con la justa ración de queso. La masa trae pedacitos de chile dulce y los aderezos de frijolitos, natilla y tomatito con culantro le dan un gusto único; con razón que por el camino hay varios rótulos que la anuncian (¢1 850).
Justo al rato, entre las melodies de un bolero que llora por los rincones, la simpatico mesera les lleva dos enormes tazones de sopa negra (¢1 800) a la mesa. El caldo de frijoles incluye un tazón de arroz, aparte de cebollita y culantro recién picados. -¡Santísima, esta sopa es pa´levantar un muerto! – exclama sal.
A lo que su compañera asiente con la mirada, pues no ha dejado la cuchara en paz. Como plato principal, Pimienta eligió tilapia al ajillo (¢4 200), sal ordenó un gallote de pollo (¢3 800), y qué tremenda sorpresa se llevaron ambos cuando suculentas viandas llegaron a la mesa.
La tilapia es una porción enorme de carne firme con un empanizado leve, pero muy crujiente, apenas perfumada de ajo. El pescado se acompaña de picadillo de chayote y una sabrosa ensaladilla de zanahoria rallada envuelta en hojas de lechuga.
Difícil de describir la extravagancia del plato de Sal: solo piense en una gran tortilla aliñada donde le han colocado frijolitos molidos arreglados, picadillo de papa con achiote y olores, y una pechuga en trocitos previamente salteada con cebolla y chile dulce. Estos amigos del buen comer quedaron fascinados con sus almuerzos, y buscando un campito para el postre, pidieron un original pero sabrosísimo cheesecake de zanahoria ¢1500) y el típico arroz con leche de la casa (¢700).
Ante el postre, Pimienta exclama:
-Por los tres dulcísimos nombres…! ‘Qué es esta delicia de arrocito con leche, calientico, cremositico, ¡y hasta con clavitos de olor y canela!
La verdad es que ambos han disfrutado un almuerzo maravilloso y muy corrongo… Entre las tazas de café, una que otra Mirada dulzona se escapa a coquetear sin palabras. A lo lejos, un oscuro nubarrón y varios retumbos anuncian el primer aguacero de la tarde. Sal se percata de que han dejado olvidado el paraguas, y solo atina a decir mientras corre al auto:
-¡Si no pegás carrera pa´irnos, vas a quedar estilando “di´agua”. Porque ya caen truénganos y fusínganos!